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LA CUESTION LIMíTROFE-TERRITORIAL GUATEMALTECA EN EL SIGLO XIX:
CASOS DE CHIAPAS, SOCONUSCO Y BELICE.
Sara Solís Castañeda*



*Doctora en Historia (Universidad de La Habana, 2009) e Internacionalista (Universidad de San Carlos de Guatemala, 1993); las opiniones vertidas son a título personal.

La Civilización Maya se estableció en buena parte del istmo centroamericano, desde Chiapas y Yucatán (hoy pertenecientes a México) hasta Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Pese a que los Mayas constituyeron la civilización precolombina más avanzada en el Hemisferio, no estuvieron unidos. A diferencia de los imperios Azteca e Inca, sus ciudades-estado autónomas permanecieron independientes, presagiando la fragmentación política que caracterizaría a Centroamérica hasta la actualidad. Lo que sí existió fue unidad cultural, más que política.

Esta brillante civilización empezó a declinar alrededor del año 900 DC, probablemente debido a afectaciones en la estructura social, sobrepoblación y deforestación. Al efectuarse la conquista española, la Civilización Maya se encontraba completamente en declive. Las enfermedades, alteración y trastornos sociales que trajo la conquista aniquilaron a gran parte de la población nativa durante el Siglo XVI.

A partir de 1785 se inicia la aplicación del sistema de Intendencias en la Capitanía General de Guatemala y ésta estuvo entonces conformada por intendencias o provincias, de las cuales una era Chiapas –que forma parte físicamente de América Central-. Ciudad Real, Soconusco y Tuxtla fueron fusionadas en la Intendencia de Ciudad Real de Chiapas.

Al proclamarse la independencia centroamericana, el 15 de septiembre de 1821, Chiapas formaba parte de ésta, que a instancias de la oligarquía guatemalteca –encabezada por Gabino Gaínza, antiguo Capitán General- se anexó al México imperial de Agustín Iturbide. Al abdicar el novel emperador y proclamarse en México la República, las provincias del antiguo Reino de Guatemala decidieron separarse de México. Así, en Centroamérica se constituyeron las Provincias Unidas del Centro de América, el primero de julio de 1823, pero Chiapas ya no formaba parte de ésta, pues permaneció dentro de las fronteras mexicanas.

Al emanciparse, cada centro urbano de importancia trató de aprovechar la situación a su favor. Hubo enfrentamiento de intereses y actitudes y las reacciones a la independencia fueron diferentes. El movimiento de unión a México tuvo seguidores y opositores de una región a otra que eran muy diferentes entre sí. No se produjo un tipo de anexionismo único o una única expresión de anti anexionismo, sino varios matices de una y otra tendencia. “En Chiapas el movimiento se aprovechó para lograr la Independencia y neutralizar una posible reacción negativa de las autoridades de la capital. Es decir, la Provincia decretó la Independencia en adhesión al Plan de Iguala, y se colocó así bajo el amparo mexicano, al cual podía recurrir en caso de una invasión desde Guatemala. … Chiapas mantuvo su postura imperial y adujo que había declarado su independencia „por las bases de Iguala y como parte de la nación mexicana”.

Este movimiento provocó una fuerte división en Chiapas, por lo que se llevó a cabo un plebiscito que dio como resultado aproximado que 96,829 habitantes se pronunciaran por integrarse a México y 60,400 a la Federación Centroamericana; también hubo 15,724 votos neutrales. El procedimiento con que la consulta se llevó a cabo estuvo además afectado por irregularidades, y su resultado fue sospechosamente previsto de antemano. En efecto, el 4 de octubre, o sea 20 días después, tiempo apenas suficiente como para que llegara la notificación desde Ciudad Real hasta la ciudad de México, en aquella época de correo por mula, fue promulgada la primera Constitución Federal mexicana, en la que aparece Chiapas como Estado de la Federación. Esto quiere decir que, de parte de México, se daba ya por seguro un plebiscito favorable a sus intereses. La incorporación chiapaneca a México se hizo con respecto a los partidos de Ciudad Real y Tuxtla, el 14 de septiembre de 1824, en tanto que Soconusco quedó en una situación indefinida hasta 1842, año en que México lo anexó, a pesar de las protestas de Guatemala.

El historiador cubano Alberto Prieto Rozos señala, al respecto que, “Ante las protestas centroamericanas, en Chiapas las autoridades de México llevaron a cabo un remedo de plebiscito acorde con los cánones de entonces, es decir voto censatario, alfabeto, blanco y masculino. Sus resultados favorables a la anexión fueron puestos en duda por la Federación, que sin embargo, señaló que en Soconusco y sobre todo en su sede de Escuintla, la votación había sido favorable a permanecer en Guatemala. Dicha zona se mantuvo en litigio entre ambas repúblicas fronterizas, hasta que el 9 de agosto de 1842 México militarmente la ocupó”.

Cabe mencionar que a finales de la época colonial, el cacao seguía siendo muy importante, aunque los niveles de producción eran mucho menores que en el siglo XVI. La situación agrícola de Soconusco parecía entonces ser más prometedora que antes y, según una encuesta del subdelegado García Girón, ésta indica que la industria del cacao en Soconusco se estaba recuperando.

La época posterior a la emancipación fue muy confusa y también “de alianzas cambiantes”. En 1825 Soconusco cortó sus lazos tanto con México como con la Federación de Centro América y se declaró un territorio neutral. “No fue sino hasta 1842 cuando Soconusco se convirtió en parte de México”7, de manera forzada y sin mediar ningún convenio bilateral de límites. Cuarenta años después, es decir en 1882, Guatemala y México firmaban el Tratado Herrera-Mariscal, convenio de límites entre ambos países, permaneciendo, tanto Chiapas como Soconusco, del lado de la frontera mexicana.


Resulta también interesante el anterior preámbulo histórico para posteriormente hacer un análisis comparativo entre dos importantes y muy polémicos Tratados de Límites de la República de Guatemala: el primero de ellos el Tratado Aycinena-Wyke entre Guatemala y el Reino Unido de 1859 y el segundo el Tratado Herrera-Mariscal entre Guatemala y México de 1882.

¿Porqué Guatemala aceptó una acción militar de México que desembocaría en la firma de un Tratado de Límites en 1882 y, sin embargo, hasta 1991 no reconoció legalmente a Belice cuando existía de por medio un Tratado de Límites firmado en 1859? ¿Cuál es la diferencia entre esos dos Tratados a través de los cuales se cedió gran parte del territorio guatemalteco?

Para aclarar estas interrogantes, debemos recordar que las relaciones de Centro América primero (como Federación Centroamericana) y posteriormente, ya como un Estado independiente, de Guatemala con México e Inglaterra, estuvieron enfocadas durante el Siglo XIX en la cuestión limítrofe-territorial. De igual manera, este período fue gris en la historia de Guatemala como consecuencia de la pérdida de los territorios de Belice, Chiapas y Soconusco, grandes y ricos territorios que se encontraban en litigio.

También debe mencionarse que, otro de los aspectos sobresalientes durante la fase de transición de la Independencia fue el problema de una nacionalidad centroamericana, que a la sazón era muy débil e indefinida para enfrentarse a potencias coloniales (Inglaterra), nuevos y mayores países (México) y enfrentar los desafíos de la política internacional (Estados Unidos y William Walker). Es casi seguro que la inestabilidad heredada de la desintegración de la Federación Centroamericana y la constitución, en su lugar, de los nuevos Estados centroamericanos independientes hayan influido en la forma en que Guatemala manejó la cuestión de límites con México e Inglaterra, a mediados del Siglo XIX.

Los acontecimientos revelan, sin duda, poca visión de Guatemala, que fue cediendo a las presiones mexicanas e inglesas, en diferentes momentos. Esos sucesos evidencian que la historia de las relaciones exteriores de Guatemala, se caracterizaron en el Siglo XIX por una cadena de cesiones, en donde no solamente se incluyen a Belice, Chiapas y Soconusco, sino también a la desintegración misma de Centroamérica.

Dicho lo anterior, es preciso mencionar también que existen profundas diferencias entre el caso limítrofe guatemalteco-mexicano y el anglo-guatemalteco.

En relación al caso entre Guatemala y México, éste último país era golpeado por los Estados Unidos, que le arrebataba enormes territorios en su frontera norte y, consecuentemente, obsesiva y desesperadamente presionaba en el sur, sobre Guatemala, para ampliar sus fronteras sobre un área que no le pertenecía. Al final, a México le fueron arrebatados, a través del Tratado Guadalupe-Hidalgo de 1848, dos millones y medio de kilómetros en esa frontera norte.

Naturalmente que, ante la manera dictatorial de México al zanjar la cuestión del Soconusco mediante una invasión militar, motivó las protestas de Guatemala. Una de ellas fue la fechada el 12 de septiembre de 1842 y dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco a su homólogo mexicano. Según Luis Aycinena Salazar, esa extensa nota abundaba en datos geográficos, históricos y económicos, que demostraban los derechos de Guatemala; reiteraba el calificativo de ocupación por la fuerza aplicado no sólo a la entonces reciente anexión de Soconusco sino también a la anterior de Chiapas y terminaba exigiendo al gobierno de México la evacuación de las tropas destacadas en Soconusco, tras advertir que la agresión perpetrada podría ser justificadamente repelida con el uso de la fuerza. Pero no se declaró la guerra y tampoco se rompieron las relaciones diplomáticas ante tan grave acto de agresión. Guatemala se limitó a simples palabras. Palabras que duelen y que, a lo largo de la historia no se terminan de comprender y muchas veces suelen interpretarse como debilidad, ineptitud e incapacidad.

También se hizo llegar a todos los países con los que se tenían establecidas relaciones diplomáticas, otra protesta fechada el 17 de noviembre de 1842. En ésta se denunciaba la ocupación militar y el decreto de anexión emitido por el Presidente mexicano López de Santa Anna y se reafirmaba la vigencia de los derechos guatemaltecos sobre Chiapas y Soconusco.

En esta etapa de la historia puede verse claramente, al igual que en el caso de la reclamación anglo-guatemalteca sobre el territorio beliceño, la situación de dos países enfrascados en una relación asimétrica donde el más fuerte se impone sobre el más débil, pero también “el triunfo del hecho consumado sobre el derecho inadecuadamente defendido”.


Pese a lo anterior, debe aclararse que, a pesar de esa difícil situación, sí se mantuvieron hasta bien avanzado el siglo y en suficiente vigencia, los derechos que Guatemala defendía. Pero, a partir de la aparición en ese asunto del entonces Presidente guatemalteco, Gral. Justo Rufino Barrios, los acontecimientos se precipitaron y culminaron con la firma del también leonino Tratado de Límites entre Guatemala y México de 1882, que constituye uno de los temas más álgidos y polémicos resuelto durante su gestión gubernamental; “es un tema que todavía exalta a quienes lo discuten, ya que se acusa a Barrios de ser el responsable de la pérdida de Chiapas y Soconusco”.

La participación y presión del Gral. Barrios en el arreglo de límites entre Guatemala y México precipitó la solución de un diferendo en que Guatemala acabó cediendo todas sus posiciones. Este acto, desde el punto de vista de los protagonistas guatemaltecos, la única congruencia que tuvo fue el beneficio a la política particular del General Barrios y su obsesión por eliminar cuanto obstáculo se le opusiera en su proyecto de unión centroamericana, que a la larga tampoco pudo conseguir.

De acuerdo con el historiador mexicano Cosío Villegas14, Barrios debió creer que el término de la cuestión de límites con México mediante la firma de un tratado definitivo, su aprobación unánime por los dos poderes legislativos y el posterior canje de ratificaciones, cubrían su retaguardia, y que, libre de ese peligro, podía intentar la unión con más éxito. Aparentemente todo estaba a su favor, a México lo tenía sobornado con la cesión de Chiapas y Soconusco; contaba con El Salvador, cuyo Presidente le debía, además, la propia presidencia; contaba con Honduras, cuyo gobierno le debía muchos favores y creía contar con la aquiescencia de los Estados Unidos, país al que había ofrecido el control sobre el canal interoceánico. Contaba por supuesto con la amordazada conformidad del pueblo de Guatemala. Parecía tener, pues, todos los elementos para lograr la exitosa unión. Lo tenía todo, pero todo le falló.

Asimismo, el Ing. Claudio Herrera, Jefe de la Comisión de Límites de Guatemala, en términos más graves y posiblemente sospechosos de interés personal, manifestó, en su informe al Gobierno de la República de Guatemala, en el año 1900, diciendo que “en todo con lo que la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, trataron los asuntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente.”

Este convenio de límites, con el que se culminó un largo período de negociaciones y el ulterior trazado de la frontera, que fue su consecuencia, constituyeron para Guatemala hechos fundamentales en su historia de finales del Siglo XIX. Por este tratado, Guatemala renunció no solamente a discutir sus derechos sobre Chiapas15 y Soconusco, sino a los derechos mismos. Se cerró definitivamente la oportunidad para posteriores reclamos, sin siquiera pedir absolutamente nada a cambio; este convenio cerró herméticamente la puerta a toda posterior reclamación, en virtud de que, al Guatemala ceder Chiapas y Soconusco, renunció expresa y categóricamente a toda compensación o indemnización. “Este es un ejemplo singular, en los anales del Derecho Internacional, de un arreglo entre dos países en el que uno de ellos llegó a hacer generosa entrega de sus posiciones y clausuró definitivamente la puerta de posteriores reclamos, sin pedir a cambio absolutamente nada.”

El balance presentado al Ministerio de Relaciones Exteriores por Claudio Urrutia en la Memoria de 1900, señala “Guatemala perdió por una parte cerca de 15.000 kms y ganó por otra, cosa de 5,140 kms. Resultado: Una pérdida de 10,300 kms. Guatemala perdió 14 pueblos, 19 aldeas y 54 rancherías, con más de 15,000 guatemaltecos, mientras que México perdió un pueblo y 28 rancherías con 2,500 habitantes: júzguese la equidad en las compensaciones, comentaba Urrutia”.

Enrique del Cid, en su libro Grandezas y Miserias de la Vida Diplomática, consignó el hecho “impresionante pero comprensible para la época en que sucedió, de que los ejemplares de la Memoria sobre la Cuestión de Límites, después de haber sido repartidos, fueron recogidos por órdenes del Presidente Estrada Cabrera18. Debe añadirse que igual destino tuvo la segunda edición, de 1964, y también el propio trabajo Grandezas y Miserias de la Vida Diplomática, ya que ambas obras fueron decomisadas en 1968, por instrucciones del Ministerio de Relaciones Exteriores.”

La autora comparte, al igual que Aycinena Salazar, la opinión de que este enfoque no significa remover viejos rencores, sino que se trata de recoger la verdad sobre un momento histórico de la vida nacional guatemalteca, ya que, a estas alturas del tiempo, esos hechos corresponden completamente a la historia. “La objetividad histórica, sin embargo, evidencia con hechos concretos la línea de sucesivas claudicaciones de una parte y de constantes presiones de la otra. Es una línea que se desprende, más allá de cualquier interpretación, de la simple lectura del texto de la historia.”


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